CATÁLOGO DE PINTURAS DE LA CATEDRAL DE ZAMORA

En la mañana del día 11 de Diciembre de 2013 se ha presentado una nueva publicación de la Catedral de Zamora. Se trata de un completo Catálogo de Pinturas, elaborado por el Canónigo Director del Museo Catedralicio y Delegado Diocesano para el Patrimonio y la Cultura, José-Ángel Rivera de las Heras.

El libro, en una cuidada edición a todo color, recoge toda la pinacoteca catedralicia agrupada en cinco apartados que aglutinan las pinturas murales, tablas, lienzos, cobres y sargas que atesora el primer templo zamorano.

Mediante una seria metodología catalográfica, el autor estudia un completo elenco de obras, entre las que se encuentran algunas muy poco conocidas, resultando de gran interés tanto para estudiosos como para aficionados al arte.

El libro puede adquirirse en el Museo Catedralicio al precio de 25 euros.

NAVIDAD EN LA CATEDRAL

Como es tradicional, la Iglesia Madre de Zamora, conmemora la Natividad del Señor mediante la celebración de solemnes actos litúrgicos. Así pues, el día 24 de Diciembre tendrá lugar la tradicional Misa del Gallo a las 0.00 horas. El día 25 de Diciembre, a las 13.00 horas, tendrá lugar la solemne misa pontifical de la Natividad.

El día 1 de Enero se celebrará, a las 13.00 horas, la santa misa en la Solemnidad de Santa María Madre del Señor, con la intervención musical del barítono Luis Santana. Al término de la eucaristía se venerará la bendita imagen del Niño Jesús de las Lágrimas.

Finalmente el 6 de enero, a las 13.00 horas, concluirá el ciclo navideño con la celebración de la solemne misa pontifical de la Epifanía del Señor.

La «Asociación Amigos de la Catedral de Zamora», ha organizado varios actos relacionados con la Navidad. Como es tradicional instalará un Belén Monumental que podrá visitarse, con entrada libre, del 22 de diciembre al 7 de enero, en los siguientes horarios: mañanas, de 10.00 a 14.00 horas y tardes, de 17.00 a 20.00 horas. Sábados, domingos y festivos, hasta las 21.00 horas. La bendición del nacimiento tendrá lugar el sábado día 21 de diciembre, a las 18.00 horas.

Por otra parte, esta asociación ha colaborado en la organización de un concierto sacro, para el día 17 de diciembre a las 20.15 horas, en la Catedral, en el que la Banda y Coro Optativo del Conservatorio Profesional de Música de Zamora y la Camerata Primo Tempo, interpretarán «Missa Brevis», de Jacob de Haan.

RESTAURADO EL «MARTIRIO DE SAN JUAN BAUTISTA»

Se ha presentado, en la mañana del día 7 de noviembre, el lienzo «Martirio de San Juan Bautista», tras un minucioso proceso de restauración que se ha prolongado durante un año. Los trabajos que han supuesto la limpieza, consolidación, cambio de bastidor y conservación del marco de esta obra han sido ejecutados por la conservadora zamorana Patricia Ganado Gamazo. Esta intervención a sido sufragada por el Cabildo Catedral mediante los ingresos que genera el primer templo por la venta de entradas para su visita. A continuación ofrecemos la descripción de la obra por el Canónigo-Director del Museo Catedralicio de Zamora, José-Ángel Rivera de las Heras.

Es éste uno de los pocos lienzos conservados en la catedral zamorana que ha merecido la atención de algunos historiadores, aunque hayan reparado mínimamente en él. Tomás María Garnacho, a fines del siglo XIX, lo cita de pasada: «Hay, sí, algunas buenas pinturas en la sala capitular y la sacristía; entre otras una degollación de San Juan Bautista». Algo más dijo de él Manuel Gómez-Moreno: «Lienzo muy grande, con la Degollación del Bautista, en la sacristía, que se parece a lo del caballero Máximo, y lo regaló el bailío de Lora D. Alonso del Castillo».

Alfonso Emilio Pérez Sánchez lo calificó de «copia excelente del cuadro de Caravaggio en San Juan de Malta» y lo destacó como existente desde antiguo en la catedral al tratar el tema de Caravaggio y los caravaggistas en la pintura española.

MARTIRIO DE SAN JUAN BAUTISTA (antes y después de la restauración)
Óleo sobre lienzo
Primer tercio del siglo XVII
Bastidor: 235 x 345 cm. Marco: 250 x 363 cm.

Guadalupe Ramos de Castro lo vio colgado en el muro Sur de la capilla del Cardenal, y lo describió de esta manera: «Hay otro enorme cuadro, de más de tres metros… está tan oscurecido que nos resulta casi imposible discernir lo que representa. Aplicándole una luz, hemos advertido que es una decapitación, ya que hay un esbirro de espaldas, con el torso desnudo que se inclina sobre un cuerpo a sus pies. Y una figura de pie, en traje militar con escolta que contempla la escena; debe ser la decapitación de San Juan. El cuadro no nos parece malo y es de factura italiana del siglo XVI, en lo que hemos podido vislumbrar».

Finalmente, José Ángel Rivera de las Heras, situándolo en el zaguán que antecede al vestuario capitular, junto al claustro, lo identificó así: «En la sala que le precede hay un lienzo de grandes dimensiones representando la degollación de San Juan Bautista, del primer tercio del siglo XVII, firmado por el italiano Fanicheli. Se trata de una copia del pintado por Caravaggio en 1608 para la catedral de San Juan de La Valeta (Malta) y fue donado por el bailío de Lora Alonso del Castillo y Samano».

El tema representado, el donante y la cronología propuesta son datos aportados por la propia documentación archivística. El cuadro aparece mencionado primera vez, como una adición, en el inventario redactado con motivo de la visita pastoral efectuada en 1633: «mas otro quadro mui grande que es la degollacion de sant Juan que dio el Señor Vaylio Don Alonso del Castillo».

El hecho de que sea citado a través de un texto añadido, algo habitual en los inventarios antiguos, nos induce a pensar que su donación se llevó a efecto poco después de la redacción de dicho inventario; por tanto, el lienzo ya se encontraba en Zamora poco después del año 1633.

Respecto al donante, Alonso del Castillo y Samano, sabemos que nació en Zamora, siendo hijo del Aposentador Alonso del Castillo y de María de Samano; que en 1611, siendo ya caballero del Hábito sanjuanista, fue admitido como miembro de la Cofradía noble de San Ildefonso de Zamora; que ostentaba el título de bailío de Lora de la Orden de San Juan de Jerusalén o de Malta en 1634; que pertenecía al Consejo de Su Majestad el rey Felipe IV y era mayordomo de la reina Isabel de Borbón, por lo que residía en Madrid; y que en 1647, gozando del patronato de la iglesia de los Trinitarios de Zamora, contrató la realización de su nicho sepulcral, situado en el costado del evangelio de la capilla mayor de la iglesia conventual. Ignoramos las relaciones del bailío con Italia o con Malta, pero es posible que las hubiere, dados los cargos que tenía en la Corte y en la Orden, por lo que se puede pensar hipotéticamente en un probable origen italiano o maltés del cuadro.

El tema del cuadro está bien definido, se trata del martirio del Precursor. La indicación de sus grandes dimensiones en el inventario citado no deja lugar a dudas de que se trata del lienzo que aquí tratamos. Aunque no llegase a identificar el lienzo como copia de un original de Caravaggio, no iba desatinado Gómez-Moreno cuando afirmaba que la obra «se parece a lo del caballero Máximo», apelativo con el que se conocía en España al pintor Massimo Stanzione (hacia 1585-1658), recordando acaso el cuadro del mismo tema que el caravaggista napolitano pintó hacia 1634, conservado en el Museo del Prado.

Sin embargo, el lienzo catedralicio copia fielmente el que Michelangelo Merisi, Caravaggio (Caravaggio, 1571-Porto Ercole, 1610), pintase en 1608 para el Oratorio de San Juan Bautista de los Caballeros de la concatedral de La Valeta, en Malta, por encargo de Alof de Wignacourt, Gran Maestre vitalicio de la Orden de Malta.

Es la obra de mayor tamaño -361 x 520 cm.- que realizó el pintor, y la única firmada: «f. MichelAn». Su nombre aparece escrito con la sangre que brota del decapitado, y está precedido por la letra F (fratte/fray), pues en el momento de terminar el cuadro Caravaggio ya había sido investido caballero de la Orden de Malta. Se sabe que desde su confección, la tela adquirió una gran celebridad, de modo que en los años subsiguientes pintores del norte de Europa y de otros lugares viajaron a Malta para contemplarla e incluso copiarla.

Representa el momento preciso del martirio del Bautista, tomado de la narración evangélica (Marcos 6, 17-29). Es una escena de trágico realismo, sin complicaciones psicológicas ni apenas gesticulaciones, en la que un cono luminoso destaca el núcleo de la composición, en primer plano. Se presenta en toda su crudeza, sin aludir a la santidad del martirizado ni a su gloria futura, como si fuera la muerte de cualquier otro condenado. El interior de la prisión de Maqueronte, lleno de sombras y de vacío, resulta lúgubre. Los personajes se disponen conforme a un ritmo compositivo simétrico. El cuerpo del Precursor se halla tendido en el suelo-y maniatado por la espalda, sobre la piel de camello y cubierto parcialmente por un manto rojo. El verdugo, que agarra brutalmente sus greñas, ya le ha cortado el cuello con la espada y acaba de desenvainar un puñal con el fin de seccionar su cabeza y depositarla en la bandeja que sostiene una sirvienta, según la indicación del carcelero, y que después habrá de ser entregada a Salomé. Una anciana se oprime el rostro entre las manos en un gesto de horror o de aflicción. Tras la reja de la ventana asoman dos prisioneros, que gracias a su morbosa curiosidad se convierten en testigos de la terrible ejecución.

La presencia en Zamora de una copia temprana de tan célebre cuadro revela el prestigio y la estima que alcanzó el original de Caravaggio desde el principio. Su autor, posiblemente italiano o maltés, debió conocerlo in situ, puesto que no sólo copió fielmente la composición, sino que también hizo lo propio con la firma.

Ha sido restaurado por Patricia Ganado Gamazo en 2012-2013.

Texto y fotografías: José Ángel Rivera de las Heras. 

Canónigo-Director del Museo Catedralicio de Zamora

DOMO MUSICAL. CICLO DE CONCIERTOS

La Catedral de Zamora es uno de los edificios de la arquitectura tardorrománica hispana. Desde el siglo XII la oración y la celebración, la música y el canto litúrgicos, han llenado su interior con notas de solemnidad y de belleza. 

El Cabildo Catedralicio desea que este lugar de fe, donde los fieles alaban diariamente a su Señor, sea también un ámbito privilegiado para acoger, en época estival, encuentros musicales que eleven el corazón y el espíritu humanos al esplendor del misterio divino.

En este marco incomparable pues, las interpretaciones vocales e instru-mentales programadas guiarán a los asistentes hasta el deleite y la admiración espirituales, sensación y sentimiento que expresan la vivencia de la belleza, reflejo de la que de Dios procede y hacia Él nos conduce.

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PROGRAMA

13, 20 y 27 de Julio · 22.00 horas

www.domomusical.es

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 Sábado, 13 de Julio

Cromatismos: falsas, inganni, durezze

Eduardo López Banzo, clave

S.I. Catedral de Zamora, 22 h.

Precio:10 euros

(Obras de Bull, Frescobaldi, J. S. Bach…)

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 Sábado, 20 de Julio

“Laudate Dominum”: Cantos de alabanza y acción de gracias

Nicholas Mulroy, tenor

Herman Stinders, clave y órgano positivo

S.I. Catedral de Zamora, 22 h.

Precio: 10 euros

(Obras de Monteverdi, Purcell, J. S. Bach, Handel…)

 

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 Sábado, 27 de Julio

De la Basílica de San Petronio de Bolonia al Palacio de Köthen

Josetxu Obregón, violonchelo barroco

S.I. Catedral de Zamora, 22 h.

Precio: 10 euros

(Obras de Gabrielli, Vitali, J. S. Bach…)

LA FUNDACIÓN ENDESA PATROCINA LA NUEVA ILUMINACIÓN DEL MUSEO CATEDRALICIO

El día 8 de mayo de 2012 ha sido inaugurada oficialmente la nueva iluminación del Museo Catedralicio. La obra, realizada íntegramente en tecnología Led, de bajo consumo, por la empresa zamorana Alteisa, ha sido patrocinada por la Fundación Endesa. La nueva iluminación, constituida por 80 lámparas, proporcionará una rebaja en el consumo de entre un 85 y un 90 %. Con tal motivo el Director General de la Fundación Endesa ha descubierto una placa en la entrada del Museo.

Texto íntegro de la intervención del Sr. Director del Museo en el acto inaugural:

Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna” (1 Juan 1, 5). El contenido de esta sencilla y categórica expresión recorre de principio a fin la revelación divina contenida en la Sagrada Escritura. Ya desde los orígenes, según el relato de la creación narrado en el libro del Génesis, el primer libro de la Biblia, “dijo Dios: «Exista la luz». Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla” (Génesis 1, 3-4). De igual modo, el libro del Apocalipsis, el último de la Biblia, al hablar de la nueva Jerusalén, morada definitiva de los bienaventurados, el vidente de Patmos afirma que “ya no habrá más noche, y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz de sol, porque el Señor Dios los iluminará” (Apocalipsis 22, 5).

Aspecto de la nueva iluminación

Jesús mismo, el Hijo de Dios, Luz de Luz, como confesamos en el Credo, se definió a sí mismo como la luz del mundo, añadiendo que quien le siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8, 12). Y así definió también la misión de sus discípulos, exhortándoles a que su luz brille ante los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos (Mateo 5, 14. 16).

En la liturgia más solemne de la Iglesia, celebrada en la noche santa de la Pascua, la comunidad congregada inicia la Vigilia con el rito de la luz, significando con la llama del cirio pascual que Cristo resucitado ha iluminado definitivamente la vida del hombre. De este modo, como dice el salmista, “tu luz nos hace ver la luz” (Salmo 36, 10); lo mismo que atestigua el Concilio Vaticano II cuando asegura que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (Gaudium et Spes 22).

Para la comunidad cristiana, pues, la luz presta un servicio esencial, no sólo por la función estética que realiza, sino también por su simbolismo espiritual. Por esta razón, el Cabildo Catedralicio siempre se ha preocupado de que la S. I. Catedral, nuestra iglesia madre, que ha de tener un carácter de ejemplaridad sobre el resto de iglesias de la diócesis, tuviese una iluminación que respondiese al esplendor de las celebraciones litúrgicas, a la vez que destacase la singularidad del monumento artístico que las acoge. De este modo, gracias a la Fundación Endesa, el interior de la Catedral fue iluminado en el año 2000, de lo cual queda como memoria histórica una placa situada en la capilla mayor.

Placa conmemorativa ubicada en el Muso
Placa conmemorativa ubicada en el Muso

Ahora quedaba pendiente el Museo Catedralicio, que podemos considerar como una extensión de la Catedral, donde se conservan y exponen obras artísticas de gran calidad, que han prestado y en ocasiones siguen prestando su servicio al culto catedralicio. Remodelado parcialmente, se hacía necesario adecuar su iluminación a las necesidades derivadas de la mejor contemplación de sus fondos, sustituyendo los puntos de luz obsoletos por otros de led, conforme a la tecnología actual, lo que suponía asimismo un ahorro energético muy importante. Por esta razón, en enero de 2012, el Cabildo solicitó la concesión de una subvención a la Fundación Endesa, que decidió financiar en su totalidad los trabajos de adecuación lumínica de las dos plantas del Museo, ejecutados por la empresa zamorana Alteisa, durante los años 2012 y 2013, por un importe global de 44.198 euros.

El Cabildo Catedralicio, pues, quiere agradecer públicamente a la Fundación Endesa su generosa contribución. Lo hace en las personas de su Director General, D. José Antonio Gutiérrez, y de la responsable de Relaciones Públicas y Protocolo, Dª. Paloma de Miguel. Transmitan, por favor, nuestro cordial agradecimiento al Presidente de la Fundación, D. Rafael Miranda, que nos consta hubiese deseado estar hoy presente entre nosotros.

La placa que descubrimos en este acto dejará constancia histórica, una vez más, de la labor benefactora que la Fundación Endesa realiza a favor del Patrimonio religioso y cultural de la Iglesia en España, y más concretamente en el recinto catedralicio de Zamora. El deseo del Cabildo es que, a partir de este momento, fieles y visitantes, gracias a la luz pascual de Cristo y a la nueva iluminación que hoy inauguramos, abran sus ojos, su mente y su corazón para que logren captar el mensaje que las obras expuestas muestran, y se vean inundados por el resplandor de tanta belleza, reflejo de la belleza que de Dios procede y hacia él nos conduce.

José-Ángel Rivera de las Heras. Canónigo-Director del Museo Catedralicio

UN CRUCIFICADO DE LUIS SALVADOR CARMONA EN LA CATEDRAL DE ZAMORA

El Cabildo Catedral de Zamora ha restaurado una imagen de Cristo Crucificado realizado por el escultor vallisoletano Luis Salvador Carmona. La restauración ha sido acometida por Patricia Ganado Gamazo con un coste de 2800 euros. Esta intervención a sido sufragada mediante los ingresos que genera el primer templo mediante la venta de entradas para su visita. La pieza puede contemplarse en el Museo Catedralicio.

Luis Salvador Carmona (Nava del Rey, Valladolid, 1708-Madrid, 1767) está considerado como uno, si no el mejor, de los grandes maestros de la escultura rococó en España. Activo en el segundo tercio del siglo XVIII, su obra, tanto documentada como atribuida, es abundante y se halla diseminada por gran parte de la geografía nacional: Madrid, Navarra, Guipúzcoa, Cantabria, Sevilla, Toledo, Segovia, Ávila, León, Zamora, Salamanca y Valladolid.

También la diócesis de Zamora contaba hasta el momento con una obra considerada autógrafa: la Virgen del Rosario, en la iglesia parroquial de la Asunción de Morales del Vino, que preside el retablo de la capilla fundada por Juan de Luelmo y Pinto (1706-1784), oriundo de la localidad y obispo de Calahorra y La Calzada, y que fue realizada posiblemente entre 1755 y 1767.

Los crucifijos realizados por Carmona ocupan un lugar destacado en su producción por su elevado número y su correcta y apurada ejecución. Son fácilmente reconocibles, ya que todos ellos participan de unos estilemas que se repiten casi invariablemente. De entre los conservados destacan los del Museo Nacional Colegio de San Gregorio de Valladolid (depósito del Museo del Prado); Azpilcueta (Navarra), y El Real de San Vicente, Torrijos y Los Yébenes, en la provincia de Toledo, con los cuales el zamorano, de gran calidad técnica, muestra un gran parecido desde el punto de vista estilístico y formal, y abundantes semejanzas en cuanto a detalles, por lo cual creemos que se trata de una obra personal.

Es éste un crucifijo de pequeño tamaño, de 35,5 x 27,5 cm. (cruz: 76 x 39,5 cm.), como los pertenecientes a las imágenes de San Francisco de Asís de los conventos franciscanos de Estepa (Sevilla) y Olite (Navarra); el de facistol -el único representado en agonía hasta ahora conocido- conservado en el convento de Capuchinas de Nava del Rey (Valladolid), y el que porta la imagen de San Juan Nepomuceno de la iglesia vallisoletana de San Miguel y San Julián.

Ignoramos si originalmente fue el atributo de una imagen hagiográfica, o bien un crucifijo «de púlpito» o «de mesa de altar». Existe documentación gráfica, de mediados del siglo pasado, en la que se encuentra situado sobre el altar de la capilla catedralicia de San Juan Evangelista. Hasta época reciente se hallaba en la sala capitular. Carece del rótulo o titulus, posiblemente por pérdida. Actualmente se halla izado sobre una peana de factura relativamente moderna.

Cristo está expirado y fijado mediante tres clavos a una cruz arbórea, con los brazos tallados en forma de troncos, como era habitual en la tradición andaluza. El escultor ha puesto todo su empeño en representar la belleza del Salvador a través de un cuerpo anatómicamente correcto, proporcionado, de formas suaves. Está ligeramente arqueado hacia su izquierda. La pierna derecha aparece flexionada en sentido inverso al torso, mientras la izquierda se curva y remete para colocar el pie izquierdo bajo el derecho. Los brazos, por su parte, se extienden sobre la cruz formando un amplio ángulo.

La cabeza muestra unos rasgos minuciosos y delicados, y una expresión serena, dulce, alejada de la tragedia. Está ladeada hacia la derecha e inclinada hacia abajo. Su abundante cabellera, partida a raya, tiene finamente tallados sus mechones, algunos de los cuales caen por delante del hombro derecho y otros, onduladamente, hacia la espalda, dejando despejada la oreja izquierda, detalle que es constante en los crucifijos de Carmona. La barba es corta y cuidada. Los ojos están cerrados y la boca entreabierta. La corona de espinas es de rama espinosa.

El paño de pureza, sujetado con una cuerda, está anudado y arremolinado en la cadera derecha, dejando visible su desnudez y colgante un extremo de la tela, disponiendo el otro en la parte central, por encima de la cuerda. Sus pliegues son minuciosos, aristados y agitados.

A pesar del realismo del modelado anatómico, la policromía no exagera la nota dramática. El cuerpo apenas está salpicado de sangre, ya que sólo lo recorren algunos hilillos por el pecho y la espalda, aparte de la que mana de las llagas de manos, pies y costado, de las erosiones de las rodillas, y de la herida que el maestro sitúa siempre en la cadera izquierda.

Texto y Fotografía: José-Ángel Rivera de las Heras. Canónigo Director del Museo Catedralicio